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Las mujeres que sostuvieron Parras sin que nadie las firmara

En Parras de la Fuente la historia suele contarse con apellidos, fechas y fachadas. Pero hay otra historia —más silenciosa, más constante— que no quedó grabada en placas ni retratos: la de las mujeres que sostuvieron la vida diaria mientras el pueblo crecía alrededor de ellas.

No lideraron batallas ni firmaron decretos. Hicieron algo más difícil: mantuvieron todo en pie.

El trabajo que no hacía ruido

Mientras otros iban y venían, ellas se quedaban. Administraban la casa, la huerta, la cocina y, muchas veces, el negocio familiar. Sabían estirar el agua, aprovechar la cosecha, guardar lo necesario para el invierno y resolver con lo que había. No era romanticismo; era eficiencia aprendida a fuerza de necesidad.

En Parras, el orden cotidiano —ese que nadie nota cuando funciona— tuvo nombre de mujer.

Cocinas que eran centros de mando

La cocina no era solo un lugar para cocinar. Era archivo, hospital, escuela y tribunal. Ahí se tomaban decisiones, se curaban penas y se transmitían recetas que hoy llamamos “tradición” pero que entonces eran simple supervivencia. Cada platillo llevaba cálculo, memoria y cuidado. Nada se desperdiciaba; todo tenía un porqué.

Hoy se presume la gastronomía local. Ayer, se cocinaba para que alcanzara.

Mujeres sin tiempo para figurar

Muchas no aprendieron a leer, pero sabían llevar cuentas. No salían en fotos, pero sostenían familias completas. Criaron hijos, cuidaron mayores y mantuvieron la casa abierta incluso en tiempos duros. Cuando el trabajo del campo fallaba, cuando la economía apretaba, ellas ajustaban el rumbo sin hacer escándalo.

No pedían reconocimiento. Cumplían.

La herencia invisible

Lo que hoy se valora como “identidad de Parras” —la hospitalidad, el ritmo pausado, la forma de recibir— viene de ahí. De mujeres que enseñaron a esperar, a compartir, a resolver sin alzar la voz. Su legado no está en museos; está en las costumbres que todavía se practican sin saber de dónde vienen.

Recordarlas importa

No para reescribir la historia, sino para completarla. Porque ningún pueblo se construye solo con héroes visibles. Se construye con constancia, con trabajo diario y con personas que nunca pidieron aplausos.

En Parras, muchas de esas personas fueron mujeres.
Y aunque nadie las firmó, dejaron todo escrito en la vida cotidiana del pueblo.

En Parras de la Fuente hay nombres que se graban en placas. Otros, más humildes, se quedan en la memoria de la gente. Doña Goyita es uno de esos nombres que no necesitan actas oficiales para ser historia viva.
📍 Hoy, su historia es parte de la identidad culinaria de la región y un símbolo de trabajo tradicional que pocas veces aparece en los libros.

¿Quién fue Doña Goyita?

Doña Goyita, cuyo nombre real era Gregoria Martínez según testimonios y usos locales, se hizo conocida por su dulcería tradicional en Parras, especialmente por sus dulces de higo y queso de nuez, elaborados con ingredientes de la región y recetas que se transmitieron por generaciones.

Su negocio, conocido como Dulces de Tradición Doña Goyita, se ubica en la calle 16 de Septiembre del centro de Parras. Con más de 100 años de historia familiar, el lugar se convirtió en un punto de referencia para locales y visitantes en busca de sabores auténticos.

No hay grandes biografías oficiales, ni libros que documenten su vida con fechas precisas. Lo que sí hay es memoria comunitaria, reportajes locales y testimonios que la recuerdan con cariño, rodeada de aromas dulces y de gente que aprendió de ella a trabajar con paciencia y sin prisa.

Más que dulces: identidad regional

Los dulces de Doña Goyita no eran un mero antojo. Eran —y siguen siendo— parte de la gastronomía tradicional coahuilense. En una región que produce nueces, higos y leche, los dulces que surgieron allí tienen un sello único:

  • queso de higo con nuez,
  • dulces de leche,
  • otros postres que combinan historia familiar con productos del valle.

Hoy, ese nombre aparece en redes, reportajes y en los paladares de quienes encuentran en esos dulces la esencia de la cocina local: sabores sencillos, pero profundos, que hablan de tierra y tradición.

El significado de un nombre que no se olvida

Doña Goyita representa algo más grande que la persona: una forma de hacer las cosas bien, sin prisa, con respeto por la materia prima y por la comunidad. Su legado no está en monumentos ni diplomas, sino en relatos de vecinos que recuerdan pasar por su tienda de niños, en fiestas familiares o simplemente en tardes tranquilas.

Ese tipo de huella no siempre se documenta en archivos oficiales, pero sí se siente en la vida cotidiana de un pueblo que honra la memoria de quienes lo construyeron, día a día.

¿Por qué importa recordar a mujeres como ella?

Porque Parras no se hizo solo con grandes nombres.
Se hizo con manos que cuidaron hogares, con mujeres que sostuvieron familias, con oficios que hoy se reivindican como parte esencial de la identidad cultural.

Recordar a Doña Goyita no es nostalgia.
Es hacer justicia a quienes dejaron huellas profundas sin buscar títulos ni reconocimiento formal.

En estos tiempos en que todo quiere ser “marca” y “viral”, hay quienes simplemente hicieron bien lo suyo. Y al hacerlo, contribuyeron a la historia de un lugar. Parras no solo es viñedos y bodegas antiguas. Es también el aroma de un dulce de higo con nuez hecho con cariño.